Precisamente en esta isla en medio del Mediterráneo Font se topó con la zulla, una leguminosa nativa que tiene muchas más virtudes que defectos. Una de ellas es que posee una gruesa raíz pivotante que baja en profundidad.
A pesar de que le cuesta desarrollarse, cuando lo hace, crece mucho y muy rápido y vive varios años, con lo que no es necesario labrar la tierra para tenerla allí. Pero curiosamente vive solo en sitios donde ya ha estado antes. Además, como ocurre con todas las leguminosas, fija nitrógeno del aire gracias a una combinación de bacterias que viven en sus raíces. Incluso hay casas de semillas que ya han empezado a comercializarla. En la isla, específicamente Font la está usando como cubierta vegetal para los huertos de olivos, también para que los animales pasten y finalmente y como alimento para las abejas para hacer luego una miel de un sabor especial. Sin la presencia de zulla, muchas fincas de la zona acabarían comprando urea, que ha multiplicado casi por tres su valor en apenas dos años.
Quien quiera subirse al carro de la agricultura regenerativa, necesariamente debe pasar por un periodo de transición. “Al cabo de unos tres años, recuperamos los cultivos y, más o menos, las producciones, porque habrá casos en que nunca lograremos llegar a las producciones que se conseguían con un método convencional”, precisa.








